Participación ciudadana en México: del sismo de 1985 a la elección de 1988

En la historia reciente de México, hay momentos en los que la voz de la ciudadanía ha sido más fuerte que cualquier discurso oficial. Dos de esos momentos fueron el terremoto del 19 de septiembre de 1985 y las elecciones presidenciales de 1988. Ambos eventos, aunque distintos en naturaleza, tienen algo en común: pusieron a prueba la capacidad de organización de la sociedad civil y marcaron un antes y un después en la forma en que los ciudadanos se relacionaban con el poder.


Una ciudadanía que despertó entre los escombros



El sismo de 1985, de magnitud 8.1, sacudió a la Ciudad de México y dejó una devastación sin precedentes: miles de personas murieron, muchos edificios colapsaron y las comunicaciones fueron interrumpidas. La respuesta del gobierno fue lenta, desorganizada y en muchos casos, ausente. Sin embargo, algo poderoso ocurrió: los ciudadanos no esperaron órdenes ni permisos, se organizaron por su cuenta.



Vecinos, estudiantes, médicos, enfermeras y personas de todos los oficios comenzaron a formar brigadas de rescate y atención. Uno de los grupos más recordados fue el de “Los Topos”, un equipo de voluntarios que, sin preparación profesional, arriesgó su vida para salvar a quienes quedaron atrapados bajo los escombros.

Francisco Ramos Zárate era otro de los alumnos que ese día quedó sepultado  en los escombros del Conalep, y uno de los 18 sobrevivientes de los cientos que se encontraban ahí. En una entrevista vía telefónica con Notimex menciona “Sentí un fuerte golpe sobre la cabeza cuando me levanté para dar un tema sobre matemáticas; después, todo era oscuro y escuchaba lamentos. Cuando recuperé el sentido no escuché más ruido ni nada, sentí que algo me aprisionaba… Tomé el mando y comencé a pasar lista de mis compañeros, el primero que me contestó fue el profesor, después María Antonieta, luego Elianey, luego más al fondo Abel, que fue el que tardó más tiempo atrapado. Cuando me sacaron de entre los escombros habían transcurrido 36 largas horas…” Tras lo ocurrido, Francisco se unió al grupo de rescate “Topos BR-19” (Desconocido, 2020)

Además, en distintas colonias de la ciudad, especialmente en Tlatelolco, Roma y Doctores, surgieron comités vecinales que no solo ayudaron durante la emergencia, sino que se mantuvieron organizados para exigir mejores servicios, reconstrucción y transparencia en el uso de los recursos públicos. Este despertar ciudadano mostró que la sociedad podía tomar en sus manos la responsabilidad que el Estado había dejado de lado.




De la tragedia a la protesta: las elecciones de 1988

Tan solo tres años después, en 1988, México enfrentó otro momento clave, las elecciones presidenciales. Por décadas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) había gobernado sin competencia real. Pero ese año, por primera vez en mucho tiempo, surgió una oposición fuerte encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas y líder del Frente Democrático Nacional (FDN).

La campaña de Cárdenas reunió a millones de ciudadanos que exigían un cambio. Sin embargo, la jornada electoral estuvo plagada de irregularidades. La famosa caída del sistema durante el conteo de votos generó gran sospecha, y muchos consideraron que el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, fue resultado de un fraude.

Las reacciones no se hicieron esperar. Cientos de miles de personas salieron a protestar, no solo por el posible fraude, sino por todo un sistema político que ya no representaba sus intereses. A partir de ahí, la ciudadanía empezó a exigir reformas, vigilancia del proceso electoral y participación real en las decisiones del país.




Un legado de participación y conciencia

Estos dos acontecimientos pusieron en evidencia el poder de la sociedad civil mexicana. Por un lado, demostraron que en momentos de emergencia, los ciudadanos pueden organizarse de forma efectiva y solidaria. Por otro lado, evidenciaron que los mexicanos estaban dispuestos a defender la democracia, aún en medio del autoritarismo.

La participación ciudadana dejó de ser pasiva. Comenzaron a surgir organizaciones no gubernamentales, colectivos vecinales y movimientos sociales que siguen activos hasta hoy. Además, se impulsaron reformas políticas, como la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990, que buscaba garantizar elecciones más limpias y equitativas.

Estos hechos nos recuerdan que la democracia no se limita al voto: también se construye con acciones, protestas, solidaridad y organización. La historia de México cambió gracias a la ciudadanía que se atrevió a actuar.


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